sábado, 6 de diciembre de 2014

ASTRONAUTA DE PALENQUE



EL ASTRONAUTA DE PALENQUE

José Francisco Sastre García

Hay un viejo axioma que dice que, a medida que se van eliminando las opciones imposibles, la última que quede, por improbable que parezca, ha de ser la verídica y auténtica. En lo que respecta al asunto que nos ocupa, esto es, la vieja polémica acerca de lo que representa el grabado más famoso de todos los tiempos de la cultura maya, han corrido muchos ríos de tinta y aún quedarán muchos más por correr, básicamente por un motivo muy sencillo: porque, al parecer, por nuestra propia mentalidad, necesitamos creer que es algo más trascendente de lo que quizás realmente sea.
El asunto comenzó cuando se descubrió la susodicha losa debajo del Templo de las Inscripciones, en Palenque, que resultaba ser una especie de lápida que cubría la tumba del rey Pakal; algunos astroarqueólogos vieron de inmediato la confirmación de sus teorías, y consideraron que la imagen representaba a un maya pilotando una nave espacial entre representaciones simbólicas de las estrellas, de Venus, la Luna… Y lo que hiciera falta. Así fue como nació el apelativo de “El Astronauta de Palenque”.
No hace mucho, el señor Jiménez del Oso dio una explicación perfectamente razonable, seguramente muy cerca de la realidad: que se trataba de una estela funeraria que representaba el tránsito del rey Pakal hacia la otra vida. La traducción que da de las diferentes imágenes que aparecen en el grabado es plausible, sin dejar cabo suelto alguno.
Y, sin embargo, aunque no hay nada que reprochar a esa investigación, creo que estamos olvidando algo: debemos estar de acuerdo en que hay que buscar la explicación más sencilla y coherente, pero, en torno a este espinoso tema, hay que pensar en una serie de características que hacen que debamos replantearnos todo lo que se nos ha estado inculcando hasta el momento en torno al asunto, unos detalles que hacen suponer que ni todo es tan sencillo, ni ha de ser tan extremadamente rebuscado:
  • Para empezar, sabemos que en la escritura de la cultura maya, al igual que en los jeroglíficos egipcios, había tres lecturas diferentes, lo que nos lleva a pensar que, en realidad, sólo conocemos una faceta de esa civilización, faltándonos otros dos aspectos fundamentales para entenderla tal y cómo realmente era. Por tanto, si podemos interpretar de tres maneras distintas su escritura, ¿por qué no podría ocurrir lo mismo con sus grabados?
  • Hace algún tiempo apareció en una tumba egipcia uno de esos objetos insólitos que, por su propia naturaleza, desestabilizan todos los esquemas preconcebidos acerca de la historia de la Humanidad: un aeroplano de madera. Algunos arqueólogos quisieron quitarle hierro al asunto argumentando que se trataba de la estilización de Horus, el halcón egipcio, pero, ¿desde cuando un halcón tiene en vertical las colas de la pluma? Aún más: ¿qué ave posee esa insólita característica? La figura tenía, sin duda alguna, todo el aspecto de un aeroplano, e incluso algunos comentaron que era aerodinámicamente correcto para volar. Al no poder, por tanto, defender la tesis del ave, no quedó más remedio que argumentar que era el juguete de algún turista, que había sido escondido allí a modo de broma. Ésa podría ser la explicación, pero, de momento, la duda planea sobre el dichoso “aeroplano”.
  • En todas las antiguas culturas se habla de máquinas voladoras de todo tipo y pelaje: en la cultura china, en las precolombinas, entre los antiguos hindúes… De hecho, en los Vedas de éstos últimos aparecen descripciones de lo que llaman “vimanas”, naves voladoras con increíbles armamentos, e incluso se describe su construcción. Las epopeyas del Mahabbarata y, sobre todo, el Ramayana, hablan de un poder de devastación tan increíble que, a pesar de procurar mantener la cabeza clara y evitar escaparnos a terrenos peligrosos, nos hacen pensar en armas nucleares y otras de difícil catalogación.
  • Poco a poco han ido saliendo a la luz descubrimientos que deberían hacernos pensar de otra manera acerca de la tecnología que dominaban las antiguas civilizaciones: las “pilas” de Bagdad, las lentes de Nínive, la máquina de Antikhytera… Es decir, que los antiguos poseían unos conocimientos mayores de lo que se suponía, lo que podría llevarnos a conclusiones que harían tambalearse el actual esquema que se nos cuenta acerca de la historia.

¿A qué nos conducen estos detalles? Contundentemente, de forma inapelable, a nada en concreto, puesto que no disponemos de unas pruebas definitivas que nos permitan asegurar con un cien por cien de certeza lo que algunos investigadores sospechan acerca de los logros de la antigüedad. Y, sin embargo, todo lo que hemos escrito más lo que hemos callado, por no convertir este trabajo en un libro repetitivo acerca de cosas sobre las que se ha escrito una y mil veces, parece guiarnos en una dirección concreta, que no es incompatible con explicaciones más prosaicas, sino que podría complementarlas; ahora bien, no debemos perder el mundo de vista y lanzarnos a teorías excesivamente descabelladas.
En el caso que nos ocupa, podemos concluir lo siguiente:
  • que el “Astronauta” de Palenque probablemente no sea tal, puesto que en ese caso estaríamos partiendo de la base de que los antiguos conocían el viaje espacial, lo que me parece excesivamente traído por los pelos;
  • que la hipótesis del señor Jiménez del Oso acerca del tránsito hacia el más allá del rey Pakal sea una explicación perfectamente válida, coherente en sí misma y con la idiosincrasia del pueblo maya;
  • que, debido a las múltiples lecturas que podría tener el grabado, y a las incógnitas que aún subsisten acerca de este pueblo, considerado como la Grecia mesoamericana, exista una explicación alternativa que no invalidaría la expuesta por el señor Jiménez del Oso, y sería la de que la representación no sería de un ASTRONAUTA, sino de un AERONAUTA, alguien que está volando no por el espacio, sino por el cielo terrestre, igual que lo hacen nuestros aviones y helicópteros. Y el hecho de que aparezcan los símbolos astronómicos alrededor del supuesto avión no invalidaría nada, puesto que, de hecho, ¿no somos nosotros capaces de ver a simple vista las estrellas, la luna, las constelaciones? Si volamos por encima de las nubes, veremos todas esas cosas con mayor nitidez, por lo que no debería extrañarnos que la persona que hizo el grabado, tanto si voló en la máquina como si escuchó las descripciones de los “pilotos”, plasmara esos símbolos.

Así pues, bajando a la tierra desde las elucubraciones más o menos fantasiosas de los que buscan conexiones con el espacio en la antigüedad debajo de cada piedra y detrás de cada arbusto, a los que no pretendo ofender puesto que comparto en parte sus teorías, pienso que el término que se acuñó en su momento, Astronauta de Palenque, está completamente fuera de lugar y, en realidad, habría que hablar, como mucho, del Aeronauta de Palenque, aunque suene peor y no se presta tanto a desatar la imaginación.

5 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este artículo: En realidad he entrado esperando ver cebada mi imaginación con más teorías descabelladas del Astronauta de Palenque, nos ocurre a todos, para qué mentirnos. Siempre me he inclinado por el razonamiento de Jiménez del Oso, creo que ese hombre sabía de lo que hablaba; aunque no descarto, a la vez que me ha gustado, este último raciocinio… Y si no es un astronauta y si un aeronauta… Bueno, como bien dices, menos atractivo, pero no menos importante. Un abrazo.

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    1. Me halaga que te haya gustado el artículo, y que lo hayas disfrutado, cosa que te agradezco sobremanera; éste es un tema que da para mucho, y que ha hecho correr muchos ríos de tinta, pero hay que intentar mantener los pies en la tierra: ¿un maya pilotando una nave espacial? Demasiado abstruso... En la antigüedad podían conocer el vuelo a baja y media altura, pero eso... Jiménes del Oso forever, jejeje...

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  2. me gustó mucho el artículo puesto que las teorías facilonas y sin peso científico lo único que hacen es abonar en favor de los obtusos que tratan de negar todo lo que haga replantear nuestra historia y prehistoria.

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  3. Dejo esto planteado solo como un aporte a otra teoría posible:¿y si se tratara de otro tipo de máquina que no fuera para volar sino para perforar,cortar o cualquier otra tarea? bien sabemos que hay muchas dudas en cuanto a como fueron cortadas o trasladadas ciertas piedras y la forma en que fueron colocadas....dejo ahí esa hipótesis para que sea tenida en cuenta si es que sirve para aportar algo a la busqueda de la verdad sobre nuestro pasado.....o tal vez futuro?jajaj....saludos.

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    1. Buenas noches, es una teoría tan buena como otra, la cuestión es apoyarla con una base adecuada: me temo que la única que tiene de momento esa base es la de Jiménez del Oso, las demás son especulaciones basadas en el aspecto de la figura, algo que no debe permitirnos olvidar quién se supone plasmó la imagen en la lápida. En cualquier caso, muchas gracias por el aporte...

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